Cláusulas abusivas en la contratación entre empresarios y consumidores.

Es perfectamente lícito que un empresario quiera que la inversión que ha realizado dé el máximo rendimiento así como que quiera que los procesos mediante los que obtiene bienes o servicios se realicen de la manera más eficiente posible. También es defendible el hecho de que otros empresarios a la vista de las buenas perspectivas económicas en un nicho concreto deseen acudir a él en busca clientes y beneficios económicos.

También es comprensible que en un país que goza de pleno empleo la búsqueda de profesionales con la formación necesaria para actuar en determinado ámbito se vuelva ardua, así como que las necesidades de crecimiento de determinados sectores se vean frenadas por la falta de mano de obra o de infraestructura.

Es un escenario como el anterior en el que el dinero discurría de manera torrencial allá donde se posara la vista,empujado por el boom inmobiliario, es fácil hacerse una idea de por qué se dedicó el mínimo esfuerzo posible a negociar e informar al cliente sobre el contrato que iba a firmar.

Así las cosas los contratos de préstamo hipotecario se hallaban previamente redactados por la entidad bancaria que lo único que hacía era enviarlos al Notario, o dejar que éste los descargara de Internet, sin dar ninguna posibilidad de negociación al consumidor, incluyendo en el mismo las condiciones y pactos que más convenían a sus intereses y sin dejar que sus empleados, en la inmensa mayoría de casos, pudieran cambiar las condiciones que de manera centralizada y estandarizada eran emitidas por las oficinas centrales.

Y es aquí donde comienza la abusividad, en el hecho de no permitir negociación alguna y en el de la existencia de predisposición por parte de la entidad de las cláusulas que iban a regir el contrato.

Por otro lado la abusividad se apoya también el el diferente grado de información de cada una de las partes, por un lado el empresario dispone de todos los datos económicos de la operación, e incluso de estimaciones sobre el comportamiento de las variables, conoce las leyes que rigen el contrato, los riesgos asociados a la operación, los productos que necesariamente han de acompañar a la hipoteca, el significado de cada una de las palabras que se encuentran en el texto que envía al notario.

En frente el consumidor medio, o no tan medio, empleados de banca se encuentran a día de hoy reclamando su nulidad, al que le ofrecen unas condiciones determinadas, con las que él, probablemente, acude a otros bancos para hacerse una idea de cuál le ofrece las mejores. Es toda la información que tiene, tipo de interés y/o TAE, plazo y cantidad, a lo sumo qué otros productos debe contratar para conseguir bonificaciones o qué requisitos debe cumplir para que le mantengan el tipo de interés que le ofrecen inicialmente.

Y aquí donde el empresario empieza a incluir pactos abusivos que exclusivamente protegen sus intereses dejando en una paupérrima situación al cliente en caso de que el contrato no se desarrolle tal y como tiene previsto la entidad bancaria. Y es en un escenario adverso como el que desencadenó la crisis donde esos pactos abusivos toman cuerpo y se empiezan a aplicar, cláusula suelo, cláusula de intereses de demora, cláusula de reclamación de posicionas deudoras, cláusula de vencimiento anticipado, cláusula de avalistas… Todas ellas cláusulas que finalmente han sido declaradas nulas.

Esa declaración nos lleva a preguntarnos dónde estaban aquéllos que debían supervisar y vigilar que la contratación siguiera los cauces establecidos por la normativa, quizás se los llevo un torrente y los llevó a mar adentro.

Estuvieran donde estuvieran la situación actual es que millones de hipotecados, la práctica totalidad de ellos, tienen una pesada hipoteca cargada de cláusulas susceptibles de ser declaradas nulas por un Tribunal, algunas de ellas nulas ya a raíz de las modificaciones legislativas, y la realidad es que en vez de haber buscado soluciones prácticas al problema éste se ha agravado más con, por ejemplo, la promulgación del Real Decreto 1/2017 o la creación de juzgados uniprovinciales especializados en cláusulas abusivas, o lo que es lo mismo, regalarle balones de oxígeno a la banca, que no olvidemos, cuanto más tiempo tiene nuestro dinero, más dinero hace, dinero llama al dinero.